MARGARITA FLORES
Margarita Flores Miranda es Directora y Fundadora de ACTO. Doctora en el Desarrollo del Potencial Creativo por la Universidad Politécnica de Valencia, 2020. Maestra en Arquitectura y Urbanismo por el programa Design Research Laboratory del Architectural Association, 2002. Maestra en Arquitectura por el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña, 2003. Y Arquitecta por el Instituto Tecnológico de Monterrey, 1998.
En el 2020 funda el proyecto de educación ACTO y desde el 2011 dirige su propia oficina orientada al diseño arquitectónico. Previamente fue Co-fundadora y Co-directora de Dear Architects, Monterrey 2007-2011, oficina ganadora de la Bienal de Arquitectura Latinoamericana, Pamplona 2015. Curadora de la Exposición OBJETO DE REFLEXIÓN 60 Años de Arquitectura Universidad Iberoamericana, 2015. Integrante de la Comisión de Selección y Tutora de Arquitectura para el Programa Jóvenes Creadores FONCA 2015-2016. Coordinadora del plan maestro “SocióPolis Proyecto para un Hábitat Solidario”, Valencia 2003.
Trabajó como jefa de taller en at.103 y jefa de proyectos para Vicente Guallart, Enric Ruiz Geli y Enrique Norten. Fue directora de la carrera de arquitectura en el CEDIM, Monterrey 2007, y coordinadora académica del Centro Metropolitano de Arquitectura Sustentable, CDMX 2009. Actualmente es maestra de Proyectos en la Universidad Iberoamericana y de la Maestría en Arquitectura Avanzada del ISAD.
Origen
Al comenzar mis estudios en la Architectural Association School of Architecture, en mi primera visita al #36 de Bedford Square, me encontré con una escuela convertida en un museo temporal donde se exponían los dibujos y las maquetas realizadas por los alumnos durante el curso de ese año. La belleza, la diversidad y la originalidad de aquellos trabajos me causó una gran admiración y me llenó de entusiasmo la oportunidad que tenía de estar en un contexto educativo distinto en donde aprendería a expresar mi propio entendimiento del mundo a través de la arquitectura.
Esta nueva condición académica, junto con un gusto innato por la aprendizaje, generaron en mí el deseo de tener un entorno escolar semejante en mi propio país; un espacio donde el estudio y la expresión de la arquitectura tuviera posibilidades fuera de lo ordinario. Al poco tiempo de mi regreso e impulsada por mi vocación docente, empecé la construcción de aquella idea realizando talleres en espacios distintos a las aulas y con temas que no figuraban en ningún programa académico. Así afiancé mi convicción de dedicarme a la enseñanza de la arquitectura.
Margarita Flores